gestión de riesgos

Manuales - Diccionario

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01-01-2015

Ciñéndonos al ámbito financiero, la gestión de riesgos tiene como objetivos situar el o los riesgos considerados en el nivel que convenga a los intereses del gestor o a los intereses de los terceros que asumen los riesgos y por cuya cuenta actúa. Aparentemente la gestión debería buscar siempre la eliminación del riesgo, pero en el ámbito financiero se conjugan una serie de factores, como sabemos, que permiten en un marco racional, en unos casos asumir riesgos y en otros conseguir su cobertura, y tanto en uno como en otro supuesto con un abanico amplio de grados. En efecto, un mayor riesgo normalmente va acompañado de una mayor expectativa de beneficio y, a la inversa, un menor riesgo, correlativamente va asociado a una menor ganancia.

Como es lógico la gestión exige en todo momento el análisis de toda clase de riesgos que puedan afectar a una determinada posición financiera en cualquier clase de activo, instrumento financiero o inversión financiera, así como en los costes del mantenimiento de cualquier clase de deudas. Este análisis para el gestor financiero no es una cuestión de gabinete y abstracción teórica, puesto que la volatilidad de los mercados, no pequeña en la mayoría de ellos, puede originar quebrantos importantes si no se mantiene una vigilancia constante del entorno y de cuantos factores puedan influir en los riesgos mantenidos.

Esencialmente los riesgos de precio/tipo de interés, los riesgos de inmovilización o iliquidez, los riesgos de crédito son generales a la mayor parte de los activos, en tanto que en los pasivos el aseguramiento de los fondos para alejar el riesgo de suspensión de fondos exige una vigilancia sobre la estructura por plazos de las deudas y de los flujos de fondos que permitan cubrirlas, y por otro lado, la cobertura del riesgo de tipo de interés.

Ahora bien, no es fácil que el gestor pueda influir en la disminución de los riesgos enumerados de una manera directa, sino mediante la movilidad de la cartera y la cobertura, puesto que aquí nos estamos refiriendo a la gestión del riesgos en el ámbito financiero, puesto que en la gestión de los riesgos del circulante activo y de los pasivos en el ámbito empresarial entran, como es lógico, otros factores en juego. La primera estrategia no es sino una sustitución de activos hacia aquellos a los que el análisis asigna un menor nivel de los riesgos indeseados compatible con la rentabilidad de las inversiones. La segunda, consiste en sacrificar una parte de la rentabilidad para disminuir ciertos riesgos, generalmente los de precio/tipo de interés. Ahora bien, los riesgos de crédito y de iliquidez tienen aspectos en los que el análisis fundamental es importante. El gestor tendrá que contemplar, por consiguiente, además de las indicaciones de las diversas técnicas de análisis apropiadas al tipo de activos gestionados, una diversidad de informaciones considerables, tanto del mercado como de los activos manejados, para actuar en cada momento como convenga a los intereses del patrimonio.

En la gestión de riesgos que persigue asegurar la integridad en valor y renta del patrimonio en riesgo en un grado muy elevado, como es el caso de los fondos de pensiones y todos los de inversión no especulativa, las técnicas de mayor asunción de riesgo no son consideradas prácticamente, pero sí se busca una "rentabilidad lo más elevada posible", por lo que es evidente que hay que encontrar un compromiso de riesgo óptimo, es decir, mantener una cartera de inversión en la que la diversificación conjugue activos de elevada rentabilidad y riesgo apropiado con otros en los que la integridad del capital no ofrezcan ningún riesgo. Sin embargo, en realidad tal planteamiento es téorico, puesto que el riesgo de tipo de interés, por ejemplo, en el largo plazo, es de cobertura muy difícil, incluso recurriendo a fórmulas de aseguramiento. En efecto, la concertación de tipos fijos a largo plazo en prin-cipio asegura un nivel determinado de rentabilidad, pero no ase-gura que esa rentabiidad mantenga un nivel paralelo al del merca-do a lo largo del tiempo de la inversión. Por el contrario, si se aceptan fórmulas de tipos variables, la rentabilidad no queda ase-gurada, sino que lo que se asegura es que podrá seguirse la sen-da de variación que marque el mercado. Dicho esto, parece que la última solución disminuye el riesgo de tipo de interés, pero tam-poco es así, porque cualquiera que sea el plazo de maduración de la inversión y revisión de los tipos concertados, la desviación de los tipos en el transcurso de ese plazo puede ser significativa.

Sólo las entidades financieras que gestionan activos y pasivos financieros pueden planificar una cobertura de riesgos de tipo de interés mediante el equilibrio de las posiciones por plazos, pero esto tampoco es una solución que se alcanza globalmente y de forma podríamos decir mecánica. Lo cierto es que el pool de recursos ajenos manejados por las entidades de crédito, puede descomponerse por plazos, y buscar posiciones activas y pasivas cerradas en cada tramo, lo cual implicaría un sometimiento de la estrategia de negocio a mantener el volumen de inversión en cada plazo al volumen de los recursos conseguidos al mismo. Esta es una exigencia que se impuso directamente, durante mucho tiempo, por las normas para la captación de recursos y colocación de los mismos en divisas a las Entidades de depósito en España, para pasar más tarde a exigir la técnicas de cobertura en las posiciones abiertas mantenidas. Actualmente, se presta tanta atención a los riesgos de iliquidez, crédito y tipos de interés en moneda doméstica como en divisas, puesto que la asimetría de los balances es un hecho, ya que especialmente por el lado del pasivo los recursos son en porcentaje muy elevado con vencimiento a la vista o en el corto plazo. La cobertura de riesgos de iliquidez y crédito en éste caso cargan el acento sobre un análisis exhaustivo de la solvencia a corto y largo plazo de las contrapartidas y de la diversificación adecuada de la inversión. La cobertura de tipos de interés pasa inevitablemente por la toma de posiciones en mercados de futuros y opciones sobre futuros.

Para el inversor privado, que actúa sólo en el lado activo, lógicamente las posiciones en los diferentes plazos sólo pueden equilibrarse por medio de técnicas de cobertura de opciones y futuros, en tanto que para los riesgos de crédito e iliquidez sólo le queda el aseguramiento. Cuando el inversor toma fondos del mercado, emulando a las entidades de crédito, corre a muy pequeña escala los mismos riesgos que éstas.

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